Guillermo Balbona Arauna (Bilbao, 20-VI-1962) es -así se define él mismo- periodista de profesión y poeta de convicción. Escribe poesía desde los primeros años de adolescencia y es autor de más de una decena de poemarios.
   En 1987 obtuvo el segundo premio del certamen de Poesía del Mar  "Jesús Cancio" por su obra Azules disturbios, playas blancas.
   En 1988 fue finalista del Premio Nervión, convocado por la Sociedad "El Sitio" de Bilbao.
   En 1991 logra el primer accésit de la XI edición del Premio José Hierro, convocado por el Ayuntamiento de Santander. Tres años después repite premio en el mismo certamen.
   Ha publicado en la colección La Sirena del Pisueña el poemario El abandono está lleno de rosas (1994) y una muestra significativa de su obra fue incluida en Mar de fondo (Antología de poesía última en Cantabria) en 1996.
   La mayor parte de los poemas aquí reproducidos aparecen publicados en el libro editado en Abril de 1999 por Manuel Arce con motivo del 50 aniversario de su colección La isla de los ratones, de honda influencia en las letras españolas. Dicha edición es acompañada por una poética de cada autor. La de Guillermo Balbona se reproduce más abajo..
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POETICA DE LA NO POETICA




 Buscar las señas de identidad de lo poéticamente correcto en uno mismo me parece gratuito y escasamente sincero. Bien que uno mismo debe descifrar sus claves, o bien convertir su territorio de creación en un manifiesto claro en el que la poesía se tienda orgullosa de sí misma. Pero he sido testigo de pedantes poéticas que superaban en ardor, intensidad y pasión a las poesías que frágilmente sostenían. Cuánta preocupación tan obsesiva en nuestro tiempo ha llevado a propiciar más definiciones de poesía como forzadas declaraciones de principios que el verso en la palabra, y viceversa, como único estandarte.
   Es cierto que existen unas claves. Las mías son la pasión, la necesidad de desvelar a través de la palabra, la cotidiana tarea de decirse a uno mismo el hallazgo de estar y ser en el mundo. La insoportable levedad del ser confundida con la posibilidad  pessoana  de encontrar en todo un más allá del fingimiento sentimental que me procura una estancia para reconciliarme con la vida o para descubrir la complicidad con el tiempo que nos alumbra y nos oculta. Sólo hay memoria y nostalgia, aunque sea de un futuro que nunca nos tiene reservados. Y, por supuesto, no fundamento más poética que la pérdida: esa fugacidad que nos arrebata el poderoso influjo de lo que nunca llegamos a tener. Desposeídos siempre.
   Por ello, entre la metáfora y la negación gramatical del orden riguroso que no deja resquicio para inventar las palabras cada día, concibo la poesía como rescate, reencuentro, código existencial, silencioso acuerdo, territorio con el que burlar la superficie que nos aparta del mundo.

Guillermo BALBONA
1999
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