Jean Clouzet, autor del volumen de la colección "Poètes d'aujourd'hui"(1) correspondiente a Jacques Brel, relata en dicha obra que fue preciso llegar al borde de la persecución y desplegar diversas tácticas de persuasión para lograr que el autor de "Ne me quitte pas" aceptase ser incluído allí donde ya figuraban (y no con más méritos) sus "mayores" Leo Ferre y Georges Brassens.

   Brel justificaba su resistencia en el hecho de que él no escribía poesía, sino -puesto a admitir alguna vecindad- "climas poéticos" como mucho. A continuación se sumía en todo tipo de explicaciones acerca de porqué una canción, tal como se concibe convencionalmente, es casi totalmente incompatible con la poesía. "La canción -decía Brel- no es ni un arte mayor ni un arte menor. No es un arte, sino un dominio limitado por toda una serie de disciplinas".

   Se detiene a continuación en el análisis de todas las limitaciones que rigen la construcción de una canción; desde su corta duración, que limita la posibilidad de desarrollar en profundidad ningún tema, hasta la necesidad de una métrica y una rima regulares y un lenguaje asequible para que el oyente radiofónico, que con frecuencia oye pero no escucha, llegue a asumirla.

   En el terreno musical, siguiendo la argumentación de Brel, la limitación es igualmente frustrante, pues la música "pierde una gran parte de sus cualidades cuando se la sitúa al servicio de un texto". "Entre todas las artes -concluye- yo no conozco ninguna que esté tan encorsetada como la canción".

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